Son duras las pruebas que pones en mi camino,
tan duras que no las soportarìa cualquiera,
pero màs duras fueron las heridas de los espinos
que llevaba la corona que coronò tu cabeza.
No voy a volver la vista atràs, sigo caminando
mirando hacia donde tu has puesto mi destino,
sigo luchando sin desmayar por los sueños
que sembraste en mi vida con cariño.
Tengo mucho que demostrate y nada que decir,
prefiero callar ante tu estandarte,
por que Tu me has enseñado a luchar,
por que me has enseñado a amar y amarte.
Aquì estoy solo y esperanzado, esperando
que tu misericordia venga en forma de lluvia,
riegue mis sembrados y apaciente la cosecha
que, con la mujer que amo, Tù y yo compartimos...

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