Cada dìa miro al cielo pidiendo tu misericordia,
no quiero verla sufrir, no quiero, Señor,
ver como se va apagando en su vida,
su fortaleza y la luz de su memòria.
Como una vela que se consume,
como el hielo que se derrite en agua,
como las hojas marchitas del àrbol
que se las lleva el viento de la nostalgia.
Tù tienes en tu mano los destinos
y sabes las pruebas que quedaràn todavìa.
Tù adornas de sonrisas su destino,
mientras llora en mi pecho el alma mìa.
Tu decisiòn acato hasta que Tù quieras,
no tengo màs consuelo que mis plegarias.
Cuando decidas que abra sus alas al cielo
estarè junto a ella... En mis labios una oraciòn...

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