Mi corazòn solo querìa preguntarte
y cuando escuchè tu respuesta,
mi alma se arrodillò para alabarte.
No fue una decisiòn impuesta...
No pude sostener tu mirada, no pude,
por que sentì verguenza de mi pasado,
donde ciego los ojos tuve
y me sobraba el amor por que estaba a mi lado.
Alcè mis manos al cielo aquella noche,
cuando tuve que dormir bajo un techo prestado.
No hubo en tus palabras ni un reproche
y en tu respuesta escuchè que me habìas perdonado.
Alabarè para siempre tu nombre, volverè a sentir
todo aquello que faltaba en mi vida.
No he vuelto, Señor, a mentir
por que tù has cerrado para siempre mi herida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario